Terapeuta explica cómo un símbolo milenario lee tu cuerpo mejor que un test psicológico | Álex Fiol
La terapia psicocorporal libera bloqueos que la mente ya entendió pero el cuerpo retiene: Álex Fiol explica por qué hay cambios que el discurso no alcanza.
Hay cambios que entiendes con la cabeza, sientes mejor con las emociones y aun así no terminan de asentarse. Álex Fiol lleva veinte años trabajando con eso que “no tira”: los patrones que el cuerpo sigue reteniendo cuando la mente ya ha comprendido. En esta cuarta conversación entra en su método psicocorporal y en el mapa, poco convencional, que usa para leerlo.
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De qué va este episodio
Álex Fiol es fisioterapeuta y creador del método Sabam, un sistema psicocorporal que nació de veinte años trabajando dentro de un centro de psicología. Su tesis de partida es sencilla y difícil a la vez: la comunicación no es solo verbal, y muchas de las cosas que la palabra no resuelve están escritas en el cuerpo. Acaba de publicar El mito de Odín, una guía práctica de las 24 runas nórdicas que utiliza como mapa para identificar qué aspecto de una persona está desequilibrado. Conviene decirlo de entrada, y lo dice el propio Oriol: si a él le escribiera un desconocido diciendo que es terapeuta y trabaja con runas, no lo entrevistaría. Está aquí porque lleva siete años yendo a su consulta y lo que ha vivido lo considera transformador. El episodio es, deliberadamente, la versión no mística de todo esto.
¿Qué significa que el cuerpo “no se ha enterado” de un cambio que ya hiciste? ¿Por qué casi todas las personas con ansiedad comparten un patrón respiratorio concreto? ¿Puede un símbolo acceder a una capa que el discurso lleva años rodeando sin tocar? ¿Y por qué, cuando por fin decides cambiar, a veces el problema no eres tú sino el entorno al que tu versión anterior le venía bien? Álex responde sin vender certezas: insiste en que lo suyo no es creer, es comprobar, y en que cada persona necesita la herramienta que necesita. A partir de ahí, las ideas que más se sostienen de la conversación.
Ideas clave de la conversación
Por qué hay cambios que entiendes pero tu cuerpo no se entera
La frase que abre el episodio resume bien el problema. A la consulta de Álex llega gente que ya ha hecho mucho trabajo: lo tienen claro a nivel mental, están mejor a nivel emocional, y aun así dicen lo mismo, “hay algo que no tira”. Su lectura es que muchas veces eso que no tira es que el cuerpo no se ha enterado. Puedes haber hecho un cambio en la cabeza y en las emociones, pero el cuerpo va por libre, y mientras siga sosteniendo el patrón antiguo, el cambio no se asienta del todo.
Conviene matizar lo que Álex no dice. No dice que la psicoterapia no funcione. Es tajante con esto: la psicoterapia funciona al nivel al que funciona, resuelve mucho a nivel mental y emocional, y él mismo ha derivado a pacientes a psicólogos y ha trabajado en combinación con ellos. Lo que plantea es que existe una parte corporal que, si no se integra, sigue participando en que no puedas hacer el cambio que quieres. Su especialización es precisamente esa capa: detectar la comunicación no verbal, que casi siempre se manifiesta en el cuerpo, y liberar los bloqueos que viven a nivel físico.
Lo cuenta con su propio caso, y vale la pena por lo honesto. Hace un año vino a una sesión sintiéndose un fracaso pese a que, objetivamente, las cosas le iban bien. En dos sesiones identificaron que aquello arrancaba de algo no resuelto de los catorce años, un tema que él ya había hablado y trabajado verbalmente a los veinticinco. Lo había comprendido. Pero quedaba algo físico que seguía haciéndole boicotearse de forma inconsciente. Esa distinción, entre haber entendido algo y haberlo integrado en el cuerpo, es la puerta de entrada a todo lo demás.
El diafragma bloqueado en casi toda persona con ansiedad
Aquí Álex aporta una de sus observaciones más concretas, y la cuenta como lo que es: lo que él ve en su consulta, no un dato de manual. Casi todas las personas que llegan con un trastorno de ansiedad comparten, según su experiencia, un mismo patrón corporal: un diafragma muy bloqueado y una respiración igual de cerrada. Lo describe medio en broma como “respirar lo justo para no morirse”. Hay una dificultad estructural para hacer algo tan básico como abrir el pecho y respirar con amplitud.
Su hipótesis de trabajo es que, al liberar el diafragma desde el cuerpo, algo se abre. A veces, cuando eso ocurre, puede aflorar una emoción reprimida o un bloqueo que estaba contenido ahí. Pero cuando la persona recupera la expansión respiratoria natural, sostiene que los niveles de ansiedad bajan de forma notable. Es importante leerlo con el matiz que él mismo pone: habla de su práctica clínica y de su manera de entender la respiración, no de una cura garantizada ni de un sustituto del abordaje que cada persona necesite.
La idea de fondo, esa sí, es comprobable por cualquiera en su propio cuerpo. La respiración es uno de los primeros mecanismos que usamos para controlar lo que sentimos. Cuando aparece una emoción que decidimos que no queremos sentir, lo primero que hacemos, casi siempre sin darnos cuenta, es dejar de respirar: contener el aire es una forma de frenar la sensación. Visto así, la respiración deja de ser un detalle de la sesión y se convierte en el termómetro más fiable de cuándo estás bloqueando algo antes siquiera de procesarlo. La próxima vez que notes que aguantas la respiración en mitad de una tensión, ya sabes qué está pasando.
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La postura de la persona deprimida y las tres patas del cambio
Una de las ideas más contraintuitivas del episodio tiene que ver con la actitud. Para Álex, cualquier actitud tiene un triple componente: mental, emocional y físico-estructural. No son tres cosas separadas, son tres patas de la misma mesa, y si falla una, la mesa cojea. Lo ilustra con una imagen que se queda: la postura de una persona deprimida tiende a ir hacia abajo, encogida. Si pudiera, dice medio en broma, ponerla recta con una “manita mágica”, al cerebro le costaría más sostener la depresión, porque la postura ya no le encajaría con el estado.
El matiz es lo que salva la idea de caer en la autoayuda fácil. Álex aclara enseguida que no está diciendo que cambies de postura para cambiar de vida. Si te pones recto de forma artificial e impostada, no pasa nada de fondo, porque “la cabra tira al monte”: si tu mapa mental sigue siendo el de siempre, acabarás encorvándote otra vez. Lo que plantea es lo contrario. Un cambio de actitud real, cuando se produce de verdad, viene acompañado de un cambio postural, además de un cambio en cómo entiendes y sientes la realidad. La postura no es la causa, es una de las señales de que el cambio es auténtico.
De ahí su forma de entender el trabajo holístico, que tampoco es la habitual. Para él, holístico no significa trabajar la mente por un lado, el cuerpo por otro y las emociones por otro. Significa trabajar con todo a la vez, porque en realidad nunca estuvieron separados: es la mente la que divide el cuerpo en partes y les pone nombre. Tú tienes un cuerpo, unos pensamientos y unas emociones configurados de una manera concreta que determina cómo te relacionas con el mundo. Si te funciona, perfecto. Si no, lo que toca no es retocar una pieza, sino ver qué cambio global permite vivir eso de otra forma.
Las runas no son misticismo: 24 arquetipos como mapa de la vida
Llega el momento de nombrar el elefante en la habitación. Las runas, dice Oriol, le suenan a dragones y mazmorras. Álex no lo discute: entiende que el tema arrastra una fama esotérica y mística que a él tampoco le interesa. Su definición es deliberadamente sobria. Una runa es un símbolo, uno de 24 arquetipos muy simples que describen aspectos presentes en la naturaleza. Y como nosotros también somos naturaleza, esos 24 aspectos están igualmente en cada persona. Para él son un mapa de cómo funciona la realidad, no un horóscopo ni una herramienta de adivinación.
Lo interesante es por qué le sirve un símbolo y no una explicación. Álex sostiene que a través del discurso llegamos a muchas verdades sobre la realidad, pero hay aspectos que se escapan precisamente porque no son verbales. El símbolo evoca esa dimensión más intangible sin pasar por la palabra. Que sea intangible, matiza, no lo hace menos real. Solemos decir que a la vida se viene sin manual de instrucciones; él discrepa, y propone las runas como una especie de mapa que describe de qué va esto, con la idea de que, si entiendes de qué va la vida, entiendes mejor de qué vas tú.
Y aquí está la clave de cómo pide que se lea todo esto. Su relación con las runas no es de fe, sino de verificación. Cuenta que lleva diez años estudiándolas, observando cómo se manifiestan en él y en los demás, y que su conclusión es estrictamente pragmática: funcionan a la hora de vivir mejor y de hacer mejor su trabajo. “Es un tema de comprobar, no es un tema de creer.” Esa frase es el centro de gravedad del episodio. No te pide que creas en nada. Te pide, como mucho, que te quedes con la parte que puedas comprobar tú.
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Las dos runas que Álex ve desequilibradas en casi todo el mundo
Cuando Oriol le pregunta si hay alguna runa que vea desequilibrada en casi todos, Álex no duda: dos. La primera es Isa, que significa hielo y que invita a parar, a detenerse, a conectar con el silencio. Su lectura es que vivimos una época volcada en la prisa y la inmediatez, y que Isa brilla por su ausencia. Lo resume con una imagen afilada: cuando no paras, corres el riesgo de subir a toda prisa una escalera para descubrir arriba que estaba apoyada en la pared equivocada. Asocia su desequilibrio a problemas para dormir, para relajarse y para apaciguar las emociones.
La segunda es Hagalaz, que se traduce como granizo y alude a lo imprevisto. En la naturaleza, el granizo es la cosecha que tenías casi lista y que un día desaparece sin que puedas hacer nada. Para Álex, mucha gente no tiene integrado que existe una parte de la vida que no depende de ellos y que no se puede controlar, y se desgasta intentando cuadricular justo lo que no es cuadriculable. Lo conecta incluso con la neurología: un hemisferio izquierdo demasiado rígido, empeñado en ordenarlo todo, a menudo va de la mano de una Hagalaz desequilibrada.
El ejemplo que da para ilustrarlo es potente, y por eso mismo conviene leerlo con cuidado. Cuenta el caso de un paciente que llegó con ocho años de dolor crónico de espalda, después de haber probado psicoterapia y quiropraxia, entre otras cosas. En la evaluación detectaron a Hagalaz desequilibrada, trabajaron eso, y a las tres semanas el hombre le dijo que el dolor le había bajado en torno a un 80%. El propio Álex pone el freno antes de que lo pongamos nosotros: “no siempre pasa así”. Lo presenta como una experiencia concreta de su consulta, no como un resultado que se pueda prometer, y su explicación es que aquella necesidad de controlarlo todo le generaba una tensión sostenida que, al soltarse, permitió que algo se relajara. Tómalo como lo que es: un caso, no una garantía.
El símbolo llega donde la palabra no alcanza
Hay una idea que recorre todo el episodio y que Álex formula de varias maneras: el inconsciente no funciona con palabras. Por eso, dice, una runa en el fondo no se puede explicar. Te la puede contar y quizá la entiendas a nivel intelectual, pero de lo que se trata es de que la captes, de que la pilles. Lo ha visto en sus retiros: explica una runa, la gente cree haberla comprendido, y solo cuando llega la parte corporal, el movimiento, alguien dice “ah, vale, esto es Hagalaz”. Ahí la ha pillado de verdad, accediendo a algo a lo que el discurso no llegaba.
Lleva esa intuición hasta el final, incluso contra su propio libro. Reconoce que escribir sobre runas es casi una herejía, porque es intentar meter en palabras algo que por naturaleza no es verbal. La palabra “silla”, dice, no es la silla: es solo una etiqueta. Con las runas pasa lo mismo, solo que más extremo. Por eso en el libro busca un acercamiento más sensorial, con imágenes, movimiento, incluso propuestas musicales, en lugar de fiarlo todo a la explicación. Para él, lo más cercano a la verdad es el símbolo, y la palabra viene después.
Oriol aporta aquí el testimonio que ancla la idea en algo tangible. Cuenta que en la camilla de Álex le han pasado cosas que no controla: días de temblar sin saber por qué, días de risa, días de llanto profundo. Y describe una sesión reciente, en pleno duelo por una separación, en la que de golpe le vino una imagen mental, la del mito de Abraham, pese a no ser religioso. Aquella imagen de rendirse a lo que no se puede controlar le cambió la actitud hacia el duelo y lo desbloqueó hasta para tareas cotidianas que tenía paralizadas. La respuesta de Álex resume su tesis entera: esa imagen ya formaba parte de él, igual que todo lo que hemos vivido, leído y heredado, y todo ese bagaje no está solo en la cabeza, también está en el cuerpo.
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Las dos resistencias al cambio: dejar de ser tú y el sistema que prefería tu versión anterior
El cierre de la conversación es, quizá, lo más aplicable de todo. Oriol le pregunta algo que muchos reconocemos: ¿te encuentras a menudo con gente que identifica un patrón, lo ve con claridad, y aun así decide no cambiar? Sí, responde Álex, y distingue dos resistencias muy distintas que conviene no confundir, porque tienen soluciones distintas.
La primera es interna. Cuando alguien está muy identificado con una forma de ser concreta, aparece el miedo de que cambiarla signifique dejar de ser uno mismo. Álex deshace el nudo con una distinción fina: una cosa es lo que eres y otra tu forma de ser, que no es más que la personalidad y que va cambiando a lo largo de la vida. No funcionas igual ahora que a los quince. Cambiar un patrón no te hace desaparecer; te hace ser tú funcionando de otra manera. Lo que se diluye no eres tú, es una idea fija que tenías de ti mismo.
La segunda resistencia es la que casi nadie ve venir, y es la más interesante. Todos formamos parte de algún sistema, familiar o social, y dentro de él cumplimos una función con el rol que tenemos. Cuando decides cambiar, tú quieres cambiar, pero al sistema no le interesa nada tu cambio: le iba bien que siguieras siendo como siempre. Así que la resistencia no aparece solo dentro de ti, también la pones, sin pedirlo, en la gente de tu entorno, que de pronto se ve obligada a recolocarse para poder seguir relacionándose contigo. Álex insiste en que esto es normal y en que hay que saber sostenerlo. Y termina donde empezó: el requisito de fondo no es la técnica ni la experiencia del terapeuta, es la voluntad. Tienes libre albedrío. El cambio, al final, es tuyo, y o estás en el momento de hacerlo o no lo estás.
Sobre Álex Fiol
Álex Fiol es fisioterapeuta y creador del método Sabam, un sistema psicocorporal que desarrolló tras veinte años trabajando dentro de un centro de psicología. Su trabajo parte de detectar los patrones emocionales reprimidos que se manifiestan en el cuerpo y liberarlos a través de un trabajo manual y respiratorio en el que casi no se habla. Con el tiempo incorporó las 24 runas nórdicas como mapa de lectura para los casos en los que el método llegaba a un techo. Es autor de El mito de Odín, una guía práctica de las runas como herramienta de autoconocimiento. Esta es su cuarta visita al podcast.
- Web: https://www.metodoshabam.com
- Instagram: Álex Fiol / Método Sabam
Libros y recursos mencionados
- El cuerpo tiene sus razones, de Thérèse Bertherat: https://gente.info/librosClBc
- La habilidad de ser feliz, de Jim Leonard: https://amzn.to/4bm8D2i
- El nombre de la rosa, de Umberto Eco: https://gente.info/librosGiHF
- El perfume, de Patrick Süskind: https://gente.info/libros0SQt
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Mi nota de voz personal sobre este episodio
En esta nota grabo lo que no cabe en el episodio: qué se siente, por dentro, después de siete años yendo a la camilla de Álex. Cuento la sesión reciente en pleno duelo por mi separación, la imagen que me vino sin buscarla y por qué me desbloqueó hasta para cosas tan tontas como amueblar un piso. Y me mojo con lo más incómodo de todo esto: cómo distingo, cuando algo no me funciona, si necesito seguir hablándolo o si lo que toca es bajar al cuerpo de una vez. No es una recomendación. Es lo que me ha pasado a mí.





