Por Qué NO Deberías Ganar Más Dinero
Después de tres correos defendiendo hablar de dinero, hoy te digo algo que puede sorprenderte: quizás lo mejor para ti es NO ganar más. Te explico por qué y te doy un ejercicio para descubrirlo.
Buenos días,
Después de tres correos hablando de por qué el dinero no es malo, de por qué deberías hablar abiertamente de tus objetivos financieros, y de por qué el tabú cultural nos empobrece...
Hoy quiero decirte algo que puede parecer contradictorio:
Quizás lo mejor que puedas hacer es NO ganar más dinero.
Y lo digo completamente en serio.
Déjame explicarte.
El dinero no es ni bueno ni malo
He estado atacando durante estos correos una creencia muy arraigada en nuestro país: “el dinero es malo”.
Y lo he hecho con datos, con argumentos y hasta contándote mis fracasos personales.
Pero eso NO significa que yo defienda la idea contraria de que “el dinero es bueno”.
El dinero no es ni bueno ni malo.
El dinero es un MEDIO para conseguir unos FINES.
Lo que importa son estos fines y la manera como los consigues.
Pero el medio... el medio es simplemente el medio.
Mi intención con esta serie de correos no ha sido convencerte de que debes ganar más dinero sino iniciar una reflexión para que veas cómo vives tu relación con el dinero.
Si esa relación está construida sobre:
Una herida mal sanada
Una creencia falsa heredada
Una lealtad mal entendida del pasado
Una ideología que te limita sin que lo sepas
Entonces esa relación necesita revisión.
Pero si alguien, de forma consciente y meditada, decide que no quiere ganar más dinero...
Si decide que todo este mundo material le importa un bledo...
Si decide que hasta interfiere con su misión y su razón de ser...
Lo mejor que puede hacer es NO centrarse en ganar más dinero.
Y dedicar su tiempo y atención a lo que realmente le importa.
Y te lo cuento con un caso real.
Hace años entrevisté en el podcast a Arnau Montserrat.
Arnau es un activista social que hace casi 30 años tomó una decisión radical:
Decidió que no creía en el modelo social y económico actual. Rechazó el sistema por completo.
Y desde entonces ha vivido en un mundo donde el dinero tiene una importancia mínima:
Ha conseguido casi la autonomía alimentaria cultivando sus propios alimentos.
Trabaja con el trueque, el intercambio, las economías colaborativas.
Solo utiliza dinero cuando tiene que interactuar con “el resto del mundo”. Y en esas circunstancias, lo utiliza de forma totalmente adecuada y consciente.
Arnau tiene una relación con el dinero basada en “No te necesito, o solo te necesito muy poco.”
Para mí, esto también es una relación sana con el dinero si Arnau vive la vida que quiere vivir sin limitaciones (o con limitaciones que él ha escogido conscientemente).
No es la única relación sana posible. Pero es una de ellas.
Lo que NO es una relación sana es creer que ganar dinero es bueno o malo de per se.
Reitero que el dinero es un medio. Puede ser necesario para tus fines. O puede ser irrelevante. O hasta pernicioso.
Depende de cuáles sean tus fines.
Pongamos un ejemplo donde el dinero no solo no ayuda, sino que enturbia.
Dan Ariely, economista del comportamiento, explica que las relaciones humanas se pueden vivir de dos maneras:
Relacional: Basada en la confianza, la reciprocidad, el afecto
Transaccional: Basada en el intercambio calculado, el beneficio medido
Y pone un ejemplo perfecto:
Imagina que te invitan a cenar a casa de unos amigos.
Si llevas una botella de vino de 20€, será bien recibida y apreciada. Es un gesto relacional. Muestra gratitud. Aporta a la cena. Genera calidez.
Pero si llegas y dices: “Mira, me iba a gastar 20€ en una botella de vino, pero en lugar de eso, aquí os dejo los 20€”...
La relación se convierte instantáneamente en transaccional.
Tus anfitriones pueden pensar: “¿20€ compensan lo que yo me he gastado en la comida? ¿Y el tiempo que he dedicado a cocinar? ¿Y el valor de abrir mi casa?”
Entras en un modo económico donde las relaciones son frías, calculadas, y desprovistas del calor humano.
El dinero tiene el poder de convertir lo relacional en transaccional.
Y eso puede destruir el valor real de la conexión.
Por lo tanto, hay muchas situaciones donde no poner el dinero por medio, no centrarse en ganar más, puede ser la mejor alternativa.
Lo que yo propongo es que esto siempre sea hecho desde la consciencia.
Desde una toma de decisión consciente.
Nunca desde una herida mal sanada, una creencia falsa, o una lealtad mal entendida.
La prisión de las creencias
Hay un termino que me inventé hace unos años que me gusta mucho usar: la prisión de terciopelo.
Esa prisión que es cómoda pero que nos limita.
Tiene muchas dimensiones: física, emocional, cognitiva, fisiológica...
Pero también está en las creencias.
Hay creencias que nos son cómodas porque vienen heredadas o nos hacen pertenecer a un grupo pero que nos limitan.
Sacarnos de esas creencias nos da más libertad para escoger lo que nos conviene en cada momento.
Y con lo que he hecho durante esta serie es simplemente enfrentarme a una creencia muy generalizada: que el dinero es malo, que ganar más dinero está mal, que querer más está mal visto.
Y aquí me gustaría volver al mensaje de mi comunidad que he usado durante estos correos para ilustrar estos patrones.
La persona que escribió ese mensaje lo hizo desde la reflexión.
Se nota. Todas sus opiniones estaban bien fundamentadas, eran coherentes con su modelo de vida, y totalmente respetables.
Además, tenía insights muy interesantes. Permitía ver cosas que yo no había visto.
Lo utilicé porque esas mismas frases, cogidas desde la inercia cultural (no desde la reflexión), pueden ser limitantes.
La diferencia no está en qué se dice sino en desde dónde se dicen.
Si se dicen desde la consciencia es respetable, válido y empoderador.
Si se dicen desde la inercia cultural es limitante, reactivo y reductor de opciones.
Por qué tenemos creencias limitantes
Y ahora haré el remate final:
Tus creencias limitantes sobre el dinero existen porque FUERON útiles en algún momento.
No son estúpidas. No son irracionales.
Son funcionales... en ciertos contextos.
Te pongo un ejemplo:
Imagina que estás con un grupo de amigos donde criticar al que se compra un Porsche es la norma.
En ese contexto, tu creencia de que “el dinero es malo” o “la riqueza corrompe” es ÚTIL.
Te hace sentir parte de la tribu. Te da pertenencia.
El problema viene cuando esa misma creencia te limita en OTRO contexto donde sí necesitas dinero para tus fines.
Todos tenemos comportamientos y creencias que nos han sido útiles en algún momento de nuestra vida.
Lo interesante es hacer un ejercicio donde podamos:
Reconocer esos comportamientos y creencias
Entender en qué contextos son útiles
Entender en qué contextos NO lo son
Decidir conscientemente cuándo aplicarlos y cuándo no
Y eso es exactamente lo que te propongo hacer ahora.
El ejercicio de reclamación
Lo que viene ahora es la parte más importante de toda esta serie.
Un ejercicio práctico para que puedas identificar tus propias proyecciones sobre el dinero.
Este ejercicio me lo pasó mi hermano Nil, que trabaja con procesos de autoconocimiento y facilitación de grupos.
Se llama “Trabajo de Reclamación” y viene del trabajo de Peter Koenig sobre la relación de las personas con el dinero.
Es un proceso somático. Eso significa que trabajarás con lo que SIENTES en el cuerpo, no con lo que PIENSAS en la mente.
El objetivo es identificar qué cualidades proyectas sobre el dinero (y sobre las personas con dinero), y luego “reclamarlas” para que estén bajo tu consciencia.
Déjame explicarte primero qué es una proyección.
Qué es una proyección
Según Carl Jung, una proyección es el proceso por el cual alguien, sin darse cuenta, atribuye sus propios rasgos, emociones y disposiciones sobre el mundo externo o sobre otra persona.
Ejemplo:
¿Te ha pasado conocer a alguien y sentir un rechazo automático y visceral?
De repente piensas: “¡No puedo soportar a esta persona!”
En un primer momento no tienes muy claro por qué, pero de seguida buscas una RAZÓN para justificar tu REACCIÓN:
“No puedo soportarla PORQUE es una fanfarrona / egoísta / superba.”
O a la inversa:
Alguien en quien confías mucho, alguien que consideras muy sabio, de repente dice una auténtica tontería.
Pero, aunque detectas la incoherencia, te la escuchas con plena atención y hasta le haces caso.
Una parte semiconsciente tuya dice: “Esta persona es muy sabia, quizás soy yo quien se equivoca...”
En ambos casos, es muy posible que estés proyectando una cualidad tuya hacia fuera.
Y esto, de por sí, NO es problemático. Necesitamos hacerlo para sobrevivir
El problema viene cuando estas proyecciones:
Te atrincheras en historias de quién eres (y quién no eres) que no te dejan crecer
Pierdes curiosidad por el otro
No te responsabilizas de lo que TE pasa a TI
Ejemplo completo:
“¡Esa persona es egoísta!” (Observación + Reacción de rabia)
→ “Yo NO soy egoísta” (Mi historia de quién soy)
→ “Que ella sea así no es aceptable” (Proyección + Rechazo de la cualidad)
→ “No me junto con gente egoísta. Me molesta tanto que no puedo ni mirarla” (Pierdo curiosidad)
→ “Mi rabia es culpa suya, por ser como es” (Desresponsabilización)
Resultado: NO me responsabilizo + PROYECTO la cualidad = NO gano amplitud de mirada.
Cómo funciona el ejercicio
Objetivo del proceso:
Flexibilizar, de forma segura, tus creencias y la identidad que de ellas se deriva.
Encontrar una versión de ti más amplia y con menos prejuicios.
Para que, cuando tengas una reacción visceral ante alguien o alguna idea, puedas preguntarte:
“¿Esto que rechazo es realmente malo o es solo el resultado de mis prejuicios?”
El Trabajo de Reclamación (paso a paso)
Puedes hacer este ejercicio solo o con alguien que te acompañe.
Si lo haces con alguien, esa persona será tu “coach” y te guiará. Si lo haces solo, simplemente sigue los pasos.
PASO 1: Identifica tu proyección
Pregúntate:
“¿Cuál es mi relación con el dinero?”
Deja que fluyan las respuestas. No las censures.
Algunas personas dirán:
“Siento que si me gano bien la vida, me estoy aprovechando de alguien”
“Nunca tengo dinero, y cuando lo tengo me lo gasto rápido”
“No sé... me incomoda pensar en dinero”
Si no tienes claro cuál es tu relación, pregúntate:
“¿Qué relación tenían mis padres con el dinero cuando yo era pequeño?”
(Los primeros 7 años de vida son clave para identificar creencias inconscientes.)
Por ejemplo:
“Siempre discutían por dinero”
“Mi padre lo gastaba todo en el bar y mi madre le regañaba”
“Nunca se hablaba de dinero en casa”
Ahora identifica un ADJETIVO que te genere una reacción física incómoda.
Pregúntate:
“Si alguien me dijera que soy [adjetivo], ¿me molestaría?”
Ejemplos de adjetivos relacionados con dinero:
Avaricioso
Aprovechado
Egoísta
Conflictivo
Poderoso
Materialista
Codicioso
Elige el que más reacción física te genere. Nota si:
Se te tensa el estómago
Escondes las manos
Te ríes nervioso
Apartas la mirada
Ese es tu adjetivo para trabajar.
PASO 2: Reclama la cualidad “negativa”
Ahora viene la parte más importante.
Durante los próximos minutos, vas a decir MENTIRAS en voz alta.
Es crucial que sepas que son mentiras. No se trata de convencerte de nada.
Se trata de observar cómo estas mentiras impactan tu fisiología.
Siéntate cómodamente. Respira profundo.
Ahora di en voz alta:
“Yo soy [adjetivo].”
Por ejemplo: “Yo soy avaricioso.”
Pausa. Observa.
¿Qué sientes cuando lo dices?
¿Qué notas en tu cuerpo?
No pienses. Solo siente.
Puede ser:
Tensión en el pecho
Nudos en el estómago
Calor en la cara
Ganas de reír nervioso
Ganas de llorar
Rechazo visceral
Toma nota mental de eso.
Ahora repite, añadiendo:
“Yo soy [adjetivo] y tengo permiso para ser [adjetivo].”
Por ejemplo: “Yo soy avaricioso y tengo permiso para ser avaricioso.”
Pausa. Observa de nuevo.
¿Cambió algo en tu cuerpo?
Continúa:
“Yo soy [adjetivo] y está bien.”
“Yo soy avaricioso y está bien.”
Pausa. Observa.
Si te sientes cómodo, continúa escalando:
“Yo soy [adjetivo] y me gusta.”
“Yo soy [adjetivo] y me encanta.”
El objetivo NO es que te lo creas.
El objetivo es que puedas observar la cualidad desde fuera, sin estar controlado por la reacción que te genera.
PASO 3: Reclama la polaridad “positiva”
Ahora identifica la polaridad de tu adjetivo.
Si trabajaste con “avaricioso”, la polaridad puede ser “generoso”.
Pregúntate:
“¿Cómo SÉ que soy [polaridad positiva]?”
Por ejemplo:
“Soy generoso porque doy todo lo que puedo a los demás”
“Soy generoso porque siempre pienso primero en los otros”
Ahora trabaja con esa polaridad de la misma manera.
Di en voz alta:
“Soy generoso cuando doy todo lo que puedo a los demás... y cuando NO, también.”
Pausa. Observa.
¿Qué pasa en tu cuerpo?
El objetivo aquí también es que puedas desenganchar tu identidad del adjetivo “positivo”.
Porque sobreidentificarte con “ser generoso” puede ser tan limitante como rechazar “ser avaricioso”.
PASO 4: Observa desde fuera
Continúa yendo hacia adelante y hacia atrás entre las dos polaridades.
“Soy avaricioso.” “Soy generoso.” “Soy avaricioso y está bien.” “Soy generoso y está bien.”
El proceso termina cuando puedes observar ambas cualidades sin estar controlado por ellas.
Cuando puedes decir:
“Soy capaz de ser avaricioso en ciertos contextos. Y soy capaz de ser generoso en otros. Y está bien. Depende de lo que el contexto requiera.”
PASO 5: Reflexión final
Después de hacer este trabajo, pregúntate:
“¿De qué me he hecho más consciente?”
¿Ha cambiado algo en la historia que te cuentas sobre ti mismo?
¿Ves ahora que esa cualidad que rechazabas puede ser útil en algún contexto?
¿Ves que la cualidad que sobrevaloras puede ser limitante en otro contexto?
La utilidad de este ejercicio
Peter Koenig, cuando investigaba la relación de las personas con el dinero, les preguntaba:
“¿Qué es el dinero?”
Y descubrió que la gente tenía definiciones completamente diferentes.
Para algunos, el dinero era libertad, oportunidad, seguridad.
Para otros, era desigualdad, corrupción, carga.
La comunalidad era que todo el mundo proyectaba cualidades sobre el dinero.
Y esa proyección creaba una distancia. Una pérdida de control. Una desresponsabilización.
Entonces Koenig hizo la pregunta clave:
“Si el dinero es todas estas cosas... ¿qué es REALMENTE el dinero?”
Y la definición que surgió fue:
“El dinero es cualquier medio al cual se le atribuye una cualidad, pero esa cualidad parece ser transferible, retenible y contable.”
En otras palabras:
El dinero es una pantalla de proyección.
Reclamar esas proyecciones nos da más libertad para actuar con responsabilidad.
¡Hasta aquí hablar de dinero!
Esta ha sido la serie más incómoda que he escrito.
Pero también la más necesaria.
Porque el dinero es uno de los temas más tabú de nuestra cultura.
Y ese tabú nos limita. Nos empobrece. Nos quita opciones.
Mi intención nunca ha sido convencerte de que debes ganar más dinero.
Mi intención ha sido que tengas una relación consciente con el dinero.
Sea cual sea esa relación.
Si después de esta reflexión y de hacer el ejercicio descubres que para ti el dinero no es importante... perfecto. Como Arnau.
Si descubres que el dinero SÍ es importante, pero que has estado limitándote por creencias heredadas... también perfecto.
Si descubres que tu relación con el dinero es más compleja de lo que pensabas... también perfecto.
Lo importante es que sea una decisión CONSCIENTE.
No una reacción.
No una herida.
No una inercia cultural.
Una elección.
Y para terminar, gracias por las decenas de mensajes de apoyo que he recibido estos días.
Para mí esto da todo el sentido a lo que hago.
Un abrazo, Oriol
P.D.: No puedo terminar sin copiar aquí un correo que recibí de Laura. Le pedí si podía usarlo y me ha dado permiso (igual que el de la persona de mi comunidad). Simplemente para romper otra falsa creencia, que esto del dinero solo aplica a empresarios y emprendedores.




