La Toxicidad de los Mensajes de Salud
La obsesión por crear un hogar saludable me generó más estrés que cualquier tóxico. Hablemos del efecto nocebo de los mensajes de salud.
Feliz domingo,
Llevo un par de meses montando un piso nuevo.
Empecé con mucha ilusión. Con ganas de crear un espacio bonito para mis hijos y, sobre todo, tan saludable como fuera posible.
Y entonces empezó la pesadilla.
Esta newsletter está patrocinada por ENFAF.
Ellos hacen posible que tú puedas leer esto cada semana y que yo pueda dedicarme a ello. Así que te animo a que les eches un vistazo.
EMFAF es una escuela de formación para entrenadores y nutricionistas, con titulaciones universitarias y de FP oficiales.
Y este es un tema en el que cada vez tengo un posicionamiento más fuerte: de la misma manera que nadie se plantea hacer una casa sin arquitecto o que si se rompe una tubería llamamos al fontanero, ¿cómo es posible que no contratemos a un profesional para algo tan importante como nuestra salud física?
Yo llevo dos años entrenando con un entrenador personal y os aseguro que el rendimiento se ha multiplicado. No solo por la motivación extra, sino por tener un plan bien estructurado y adaptado a mí.
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Primero fue la madera.
¿Era ecológica? ¿Tenía formaldehído? ¿Estaba exponiendo a mis hijos a compuestos volátiles que les afectarían durante años?
Luego el fluorescente de la cocina.
Luz azul. ¡Horror, mis mitocondrias! ¿Podré dormir bien si cada vez que entro en la cocina suprimo la melatonina?
Después la instalación eléctrica.
No hay toma de tierra. ¡Los campos eléctricos alterarían mi sueño y el de mis hijos!
Y el colchón…
¿Orgánico? ¿Certificado? ¿Con cuántas capas de polímeros tóxicos dormiremos cada noche?
Cada decisión requería un análisis eterno…
Y un bolsillo muy ancho.
El resultado es que en casi dos meses apenas he avanzado en las obras.
Y lo más irónico de todo es que empecé a dormir mal.
No por los campos electromagnéticos. No por el formaldehído. No por la luz azul.
Sino por el estrés de querer hacer un hogar “saludable”.
Sin darme cuenta.
Hasta hoy.
Hablando con mi padre, contándole este lío mental que tengo y la parálisis por no tener la maldita toma de tierra, me ha dicho:
“Pero si las casas han estado siempre sin toma de tierra y a la gente no le pasaba nada.”
Y he estado apunto de replicar (con un tono de superioridad):
“Y nuestros abuelos también fumaban y decían que no pasaba nada.”
Pero me he callado y, al reflexionar un rato, me he dado cuenta que tiene un punto de razón.
¿Hasta qué punto estos son problemas de salud tan graves o son problemas magnificados por los “divulgadores de salud”?
Esto tiene un nombre en la literatura científica. Y tiene consecuencias medibles.
Se llama:
El efecto nocebo
Es el opuesto del efecto placebo.
Si el placebo es cuando mejoras porque crees que algo te hará bien, el nocebo es cuando empeoras porque crees que algo te hará mal.
Está documentadísimo. Te dejo varios ejemplos en las notas del episodio.1234
Y te dejo un par de ejemplos que lo ilustran a la perfección:
En los ensayos clínicos con medicamentos neuropáticos, cuando a los pacientes del grupo placebo (los que reciben una pastilla de azúcar, sin ningún principio activo) se les informa de los posibles efectos secundarios... alrededor del 52% reportan efectos adversos. Con una pastilla que no tiene absolutamente nada dentro.
Incluso con las vacunas del COVID-19, un metaanálisis estimó que el efecto nocebo explicaba el 76% de los efectos adversos sistémicos reportados tras la primera dosis. Tres de cada cuatro personas que se sentían mal lo hacían, al menos en parte, porque esperaban sentirse mal.5
Tu mente tiene un poder extraordinario para curarte. Pero también para enfermarte.
Así que yo me pregunto:
¿Qué es más dañino, el fluorescente de la cocina o yo pensando que ese fluorescente me hará daño?
Porque el efecto nocebo ocurre cada vez que te crees a ese gurú de Instagram que te dice que el wifi de tu casa está destruyendo tu ADN.
Ocurre cada vez que lees que los microplásticos de tu botella de agua están causándote infertilidad.
O cuando un “experto” en mi podcast te explica con voz grave que la falta de sal te causa edema intracelular.
¿Significa esto que todos estos problemas son inventados?
No. Muchos de ellos son reales.
Los microplásticos son un problema.
La luz azul excesiva afecta al sueño.
Ciertos materiales emiten compuestos volátiles.
La evidencia existe para muchas de estas cosas.
Pero hay una diferencia enorme entre:
“Este factor tiene un efecto medible en tu salud y aquí tienes lo que puedes hacer al respecto”
y
“¡ESTÁS RODEADO DE TÓXICOS, ES EL FIN DEL MUNDO!”
La primera es información.
La segunda es un generador industrial de efecto nocebo.
Y no nos olvidemos de algo fundamental.
Que algo sea malo no quiere decir que tu salud se vea afectada de forma significativa.
Todo depende de la dosis, de tu predisposición genética y del contexto global de tu estilo de vida.
Suena complicado, pero no lo es tanto.
Un ejemplo:
Sabemos que beber alcohol es malo a cualquier dosis, pero si eres una persona medianamente saludable, que no abusa de ultraprocesados, que hace ejercicio moderado y se toma un par de cervezas a la semana...
NO PASA ABSOLUTAMENTE NADA.
En serio, no es que sea un poco malo. ¡Es que no pasa nada!
Nuestro cuerpo es una máquina con una resiliencia estratosférica. No solo sobrevive a las agresiones externas, se fortalece con ellas.
Lo importante es no pasarse.
Y que el estrés no se meta por medio.
Porque el estrés crónico es uno de los factores más consistentemente asociados con enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, disfunción inmune e inflamación sistémica. Los mismos problemas que supuestamente te causan los tóxicos de tu colchón.
Te lo digo de nuevo para que te quede claro:
El propio estrés que generan los mensajes alarmistas de salud es, probablemente, más dañino que la mayoría de las cosas contra las que te están advirtiendo.
Mi semana durmiendo mal por la ansiedad del piso me ha hecho más daño que un año entero de dormir con un fluorescente en la cocina.
Esto es fisiología básica.
Y ahora, una pregunta para ti:
¿Cuántas horas has dedicado esta semana a preocuparte por amenazas de salud que has leído en Instagram... y cuántas a hacer ejercicio, dormir bien o cocinar algo decente?
Porque si la respuesta es “más a lo primero”, el mayor riesgo para tu salud no está en tu entorno. Está en tu móvil.
Así que hoy he tomado una decisión.
Voy a hacer el piso como pueda. Sin obsesionarme.
Si la luz de la cocina es un fluorescente, la cambiaré cuando pueda por una más cálida, pero no voy a perder el sueño (literalmente) por ello.
Si la finca de 150 años no tiene toma de tierra, ya le pediré a la propietaria que la ponga y mientras tanto dormiré tranquilo sabiendo que tampoco es para tanto.
Si no todos los materiales son ecológicos certificados con 15 sellos y 8 patentes, sobreviviré.
Porque al final, lo que he aprendido después de años investigando estos temas es que los mínimos no son tan difíciles. Y que el 80% del beneficio viene de unas pocas decisiones sencillas que no requieren ni parálisis ni ansiedad:
Ventila tu casa cada día.
Reduce los plásticos en la cocina donde puedas.
Apaga las pantallas una hora antes de dormir.
Y si algo te preocupa mucho, investígalo con calma antes de entrar en pánico.
Ya está.
No necesitas una casa certificada por la NASA para vivir sano.
Necesitas sentido común, un poco de ciencia y, sobre todo, la capacidad de distinguir entre la información que te empodera y la que te paraliza.
Y la próxima vez que alguien te diga que tu entorno te está matando, hazte esta pregunta:
¿Este mensaje me está ayudando a tomar una decisión mejor o solo me está generando ansiedad?
Si la respuesta es la segunda, el mensaje en sí es más tóxico que aquello de lo que te está advirtiendo.
Y te lo digo porque se que es difícil, que nuestra mente está diseñada para ver peligros en todo y que lo más fácil es caer en la trampa del alarmismo.
Yo he caído en la trampa estos días.
Y, por eso, es necesario que nos lo vayamos recordando de vez en cuando.
Y para terminar te dejo un vídeo de Dani Ciscar que Carmen publicó en la comunidad privada que ejemplifica todo lo que te he dicho con un toque de humor:
Si quieres unirte a la comunidad aprieta aquí:
¡Hasta la semana que viene!
Oriol
PD: Yo tengo un reloj que lo mide todo y Dani tiene un suplemento que es una solución universal. Nadie es perfecto
Rooney, T., Sharpe, L., Todd, J., Richmond, B., & Colagiuri, B. (2023). The relationship between expectancy, anxiety, and the nocebo effect: A systematic review and meta-analysis. Health Psychology Review, 17(4), 550–577. https://doi.org/10.1080/17437199.2022.2125894
Colloca, L., & Miller, F. G. (2011). The nocebo effect and its relevance for clinical practice. Psychosomatic Medicine, 73(7), 598–603. https://doi.org/10.1097/PSY.0b013e3182294a50
Rooney, T., Sharpe, L., Todd, J., Tang, B., & Colagiuri, B. (2024). The nocebo effect across health outcomes: A systematic review and meta-analysis. Health Psychology, 43(1), 41–57. https://doi.org/10.1037/hea0001326
Papadopoulos, D., & Mitsikostas, D. D. (2012). A meta-analytic approach to estimating nocebo effects in neuropathic pain trials. Journal of Neurology, 259(3), 436–447. https://doi.org/10.1007/s00415-011-6197-4
Haas, J. W., Bender, F. L., Ballou, S., Kelley, J. M., Wilhelm, M., Miller, F. G., Rief, W., & Kaptchuk, T. J. (2022). Frequency of adverse events in the placebo arms of COVID-19 vaccine trials: A systematic review and meta-analysis. JAMA Network Open, 5(1), e2143955. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2021.43955


