El Dogmatismo Es La Enfermedad De Las Mentes Brillantes
Cuanto más inteligente eres, mejores armas tienes para engañarte a ti mismo. El razonamiento motivado, el ego y cómo salir de la trampa del dogmatismo.
¡Feliz domingo!
En 2023 escribí un artículo sobre dogmatismo que generó bastante debate.
Hoy, tres años después, reincido en la temática.
Porque lo que allí conté lo he seguido viviendo en carne propia y lo he visto en muchos de los invitados que han pasado por el podcast.
Te cuento.
Yo, durante muchos años, fui el ejemplo perfecto de dogmático.
Me llamaban “el doctor de la grasa” porque defendía la dieta keto a ultranza.
Tenía un discurso sólido, referencias científicas a punta pala y los mecanismos bioquímicos que lo explicaban todo.
¡Estaba convencido de tener razón sobre la nutrición, sobre los ayunos, sobre el gluten!
Y lo defendía con una seguridad que hoy me da un poco de vergüenza.
Luego pasaron por el podcast a los mayores expertos de salud de España.
Y, entrevista tras entrevista, descubrí que estaba equivocado en muchas más cosas de las que imaginaba.
Y pasé del “doctor de la grasa” dogmático a alguien capaz de decir “admito que no sé”.
Y, en perspectiva, considero que este ha sido el mayor triunfo de mi vida intelectual.
¡Pero me costó años, muchas horas de terapia con Àlex Fiol y bastante ego roto por el camino!
Y mira que me consideraba una persona inteligente capaz de discernir la realidad.
Por eso, hoy quiero contarte por qué precisamente la gente inteligente, como tú y como yo, somos los más expuestos a la trampa del dogmatismo.
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La paradoja del listo
Normalmente pensamos que quien piensa distinto a nosotros lo hace porque es ignorante o poco listo.
A veces es verdad.
Pero con la misma frecuencia ocurre que las posiciones más cerradas y extremas las sostienen personas terriblemente inteligentes.
Y esto no es un accidente. Es una consecuencia directa de cómo funciona la inteligencia.
Cuanto más inteligente eres, más capaz eres de construir argumentos sofisticados para defender exactamente lo que ya creías.
La inteligencia no te da la verdad.
Te da mejores herramientas.
Y esas herramientas sirven tanto para acercarte a la realidad como para blindarte contra ella.
No lo digo solo yo. Se lo pregunté a Javier Recuenco, que tiene un coeficiente intelectual superior al 99,9% de la población, y me lo resumió sin anestesia:
“Tú puedes tener altas capacidades y ser completamente gilipollas. Puedes tener un hardware privilegiado corriendo un software de mierda.”
¿Por qué sucede esto?
¿Sabes qué es el “razonamiento motivado”?
Es un concepto de psicología que nos dice que no razonamos para llegar a la verdad. Razonamos para llegar a la conclusión que ya queríamos.
O sea que primero decidimos qué queremos creer, y después construimos el argumento.
Aquí es donde tener una “maquinaria potente” puede jugarnos a la contra.
Mientras que la persona con poca formación se deja engañar por otros, la persona inteligente y educada se engaña a sí misma, y lo hace mucho mejor, porque tiene más recursos para racionalizar cualquier cosa que le convenga creer.
Por eso los debates entre gente muy preparada muchas veces no llevan a ningún sitio. No hay dos personas buscando la verdad. Hay dos abogados defendiendo posiciones que decidieron de antemano, cada uno más brillante que el otro construyendo su defensa.
Y al final, estos debates terminan sin convencer a nadie y con un enemigo más en la vida.
Si quieres profundizar en este mecanismo te recomiendo el libro “Pensar rápido, pensar despacio” de Daniel Kahneman. Lo encontrarás AQUÍ
Este es tu problema
Si estás leyendo esto, probablemente eres una persona curiosa e inteligente.
Y esta bendición también en tu vulnerabilidad.
Cuanto mejor argumentas, más fácil te resulta convencerte de cualquier cosa.
Tu cerebro es una fábrica de justificaciones de altísima calidad. Y trabaja, sobre todo, para tu ego.
Porque, la realidad es que basamos buena parte de nuestra autoestima en ser inteligentes y en tener razón.
Y cuando tu identidad depende de tener razón, admitir que te equivocas deja de ser una corrección y se convierte en una amenaza personal.
Así que para proteger tu identidad, te mantienes equivocado. Con argumentos preciosos.
Yo lo viví con la keto.
Mi identidad entera estaba montada sobre “yo soy el que tiene razón sobre la grasa”. Cuestionar eso no era cuestionar un dato. Era cuestionar quién era yo.
Por eso me costó tanto dejarlo.
Como conté en el recap de 2025, soltar esas certezas me generaba un vértigo terrible.
Si renuncio a mis creencias, ¿quién soy yo?
Y no soy un caso raro. Néstor Sánchez, amigo y uno de los divulgadores de nutrición más rigurosos que conozco, me confesó exactamente lo mismo:
“Me hice muy radical. El gluten es malo, y me hizo muy radical. Despreciaba a la persona que no tenía la misma opinión que yo. Y me daba mucha certeza, mucha seguridad, porque tener la verdad da mucha seguridad.”
Repito: la certeza no te la da la evidencia. Te la da la necesidad de seguridad.
Entonces… ¿Qué hago?
Podría recomendarte la entrevista que le hice a Marcos Vázquez sobre sesgos cognitivos.
Pero la solución no es aprender más sobre sesgos cognitivos.
Esto sería una nueva trampa.
Si el conocimiento es el arma con la que la gente lista se engaña, darte más conocimiento solo te hace más hábil engañándote.
Lo que de verdad funciona no es más inteligencia. Es un cambio de carácter. Y se resume en tres cosas concretas:
1) Busca activamente lo que te contradice y ámalo
Deja de centrarte en consumir información que confirma lo que ya piensas. ¡De eso ya tienes de sobra!
Busca lo que lo desafía.
Lee al que opina distinto intentando entender por qué alguien inteligente podría creer eso.
Cuando encuentres un argumento que te incomode, no lo esquives, quédate ahí. Es donde aprenderás.
Yo lo apliqué cuando estaba preparando la entrevista con Gonzalo Quesada. Una persona muy inteligente y formada que defiende la alimentación vegana.
En ese momento decidí que no iba a jugar el juego de a ver quién tenía razón y jugaría el de “tengo una opinión distinta a la tuya pero quiero aprender”.
El resultado fue una entrevista preciosa y una nueva amistad.
¡ATENCIÓN!
Si haces esto es probable que termines cambiando de opinión en algunas cosas.
Esto puede ser un problema si con este cambio dejas de formar parte de tu tribu. De esto hablo más abajo, pero antes…
2) Desconfía de tu propia certeza
Presta especial atención a esos temas donde sientes que lo tienes clarísimo, donde te hierve la sangre, donde el otro te parece obviamente idiota.
Esa sensación de certeza absoluta no es la señal de que tienes razón. Suele ser la señal de que tu ego se ha apoderado del volante.
Este es el motivo por el que creé Gente Interesante.
Empecé a sentarme con personas brillantes que no pensaban como yo, no para ganarles, sino para exponerme a sus ideas y entenderlas.
Y descubrí que era muchísimo más interesante que tener razón.
3) Rodéate de gente que piensa distinto
Rodearte de gente diversa tiene la ventaja de que no estarás tan anclado a las creencias de la tribu.
¿Sabes que tenemos unos instintos aplastantes de querer pertenecer?
Hay un estudio muy curioso donde los participantes juegan online a pasarse una pelota virtual con otros dos jugadores. Lo que no saben es que esos “jugadores” son un programa de ordenador con la misión de dejar de pasarles la pelota.
Lo interesante es que apenas unos minutos de exclusión, por parte de desconocidos que ni siquiera existen, bastan para que la gente se sienta mal, pierda sensación de control y de pertenencia.1
O como me dijo Javier Recuenco:
“Tener la razón está completamente sobrevalorado con respecto a mantenernos como parte de una malla humana que nos excede a nosotros mismos.”
¡Imagínate como no sentimos si esto sucede con gente que apreciamos!
Así que tenemos una tendencia muy fuerte a acomodar nuestras ideas a las de nuestro entorno para pertenecer.
Este instinto es tan potente que, aun y sabiéndolo, lo vas a sentir.
La solución no es luchar contra él sino crear entornos adecuados.
Cómo más diverso sea tu entorno menos presión sentirás de acomodar tus posturas.
Por cierto, lo bueno de flexibilizar tu postura es que puedes aprender a estar con gente que opina diferente de ti sin sufrir ni sentirte excluido. No porque seas inmune a este efecto sino porque tener la razón deja de ser la métrica que usas para sentir que perteneces.
La diferencia entre Inteligencia y sabiduría
La inteligencia es la capacidad de construir mapas mentales complejos de la realidad. La sabiduría es que esos mapas se ajusten de verdad al terreno.
La sabiduría no depende de tu coeficiente intelectual.
Depende de tu carácter.
En concreto de tu curiosidad y tu humildad.
La curiosidad te empuja a mirar donde no querías mirar. La humildad te permite aceptar lo que encuentras aunque tumbe lo que creías.
Sin ellas, tu inteligencia no te hará sabio. Solo te hará un esclavo muy elocuente de tus prejuicios.
Así que te propongo que en lugar de definirte por tu capacidad de tener razón, te definas por tu voluntad de aprender.
Desde ahí, equivocarte deja de ser una derrota y se convierte en lo mejor que te puede pasar.
Si te ha hecho reflexionar, compártelo con esa persona brillante y cabezota que tienes en mente ahora mismo. (Probablemente ella piensa lo mismo de ti. Y ahí está la gracia.)
Oriol
PD: Hace unos días te dije que me tomaba vacaciones. Ya ves que he vuelto a cambiar de opinión 😂.
¡Nos vemos cuando me apetezca escribir de nuevo!
Williams, K. D., Cheung, C. K. T., & Choi, W. (2000). Cyberostracism: Effects of being ignored over the Internet. Journal of Personality and Social Psychology, 79(5), 748–762. https://doi.org/10.1037/0022-3514.79.5.748


