Cuando Yo No Voy, Mi Grupo De Entrenamiento Se Va Al Bar
Mi grupo de entrenamiento se va al bar cuando yo falto un viernes. Esto es lo que aprendí sobre la motivación externalizada y el entrenador. (147 caracteres)
Tengo un grupo de entrenamiento que se llama GiraFit.
Lo montamos hace tres años dos padres y una madre de la clase de mi hija (que se llamaba “Gira-sols”, de aquí el nombre).
Ahora somos siete u ocho.
Cada viernes dejamos a los niños y vamos a entrenar.
¡Y nos lo pasamos genial!
Pero pasa una cosa curiosa.
Si un viernes tengo un contratiempo y no puedo ir, en lugar de entrenar, el grupo se va a tomar un café.
¿Por qué gente motivada para entrenar deja de entrenar en el momento exacto en que yo falto?
No es que yo dé las mejores indicaciones del mundo.
Tampoco es que no les guste entrenar.
Es que la motivación de entrenar el viernes la tienen externalizada en mí.
Les encanta salir en grupo, moverse al aire libre. Pero necesitan que alguien esté ahí, dando las indicaciones, para que esas ganas se conviertan en sesión.
Sin esa persona, las ganas se quedan en café.
Y ese alguien (de momento) soy yo.
Entiendo perfectamente esta inercia, creo que a todos nos pasa un poco.
Yo, que en general tengo bastante motivación intrínseca, muchas veces me veo superado por las obligaciones y la tentación de cambiar el entrenamiento por horas de trabajo es muy alta.
Pero como tengo un entrenador con quien rendir cuentas, no me lo salto.
Y no solo es cuestión de saltarse la sesión. Es también cómo entrenas.
Cuando entreno con Lucas Leal, él se fija en el momento en que estoy a punto de rendirme y entonces me anima, me grita, me dice que puedo un poco más.
Y siempre sale ese último impulso que hace que me supere.
Con Pau, de ENSO Movers, es distinto.
Llevo dos años y medio entrenando con él.
Él me dedica media hora, una hora a la semana pensando solo en mi caso. Dándome ideas de cómo seguir mejorando. Eso me da una confianza que ninguna rutina por escrito me ha dado nunca y también siento la obligación de poder decirle que una semana más he cumplido con el plan.
No siempre lo consigo, pero cuando fallo me siento fatal (y resulta que la aversión a sentirnos mal es uno de los motivadores más grandes que existe).
Ni lo que hace Lucas ni lo que hace Pau se puede sustituir con la IA.
Puedes pedirle a ChatGPT la rutina perfecta. En treinta segundos, además.
Lo que ChatGPT no te va a dar es la vergüenza de decirle a una persona real “te pago cada mes y no he hecho nada esta semana”, tampoco te empujará en ese momento en que estás apunto de rendirte.
Por esto sigo pensando que la figura del entrenador, humano, presente, con nombre y cara, no la sustituye nada.
Es una figura que existe porque los humanos, casi todos, necesitamos a otro humano que nos sostenga cuando la motivación no basta.
Esa es, para mí, la razón última por la que merece la pena formarse bien para ejercer esta profesión. No estás vendiendo rutinas. Estás vendiendo algo que ninguna máquina puede replicar: tu presencia real en el momento en que alguien está a punto de rendirse.
Por eso acepté el patrocinio de ENFAF, la escuela detrás de esta newsletter y del podcast. Forman entrenadores y dietistas con base científica real, no memorizadores de rutinas.
Y como te comentaba en el correo anterior, si te apuntas a alguno de sus cursos en las próximas semanas y dices que vienes de mi parte, te aplican 200 euros de descuento. Sin cupón, sin afiliación.
En el próximo correo te voy a contar por qué, en la era de la IA, es más probable que un programador se quede sin trabajo antes que un entrenador personal.
Nos vemos.
Oriol


